La musa

¡Albricias! La literatura joven mexicana tiene una musa. Responde al nombre de Julieta Venegas. Sí, la cantante pop. Discípulos, como todo cursi latinoamericano, de García Márquez, Tryno Maldonado y Julián Herbert escriben para ser queridos. Dado que fracasaron (por falta de talento o mera fealdad) como estrellas pop, han tenido que conformarse con escribir novelas. ¡Y en México! Por favor, lloren.
El caso Tryno exige virtudes de las que El Suprasensible carece: la compasión y la piedad. Autopromotor compulsivo, sus flirteos con escritoras y cantantes a través de Twitter causan inicialmente ternura, pero la reincidencia induce el vómito. Muchacho de provincia que cree que en la colonia Condesa se fraguan los destinos de la cultura nacional –ignorante de que el ser más inteligente de la zona es un galgo incontinente–, es el mayor hipstérico de la narrativa local. Su crónica de una visita al estudio de Venegas, en Gatopardo, es conmovedora. Podría sintetizarse del siguiente modo: Visité a Julieta Venegas, ergo existo. Sus esfuerzos por hacerse notar a lo largo del texto son notorios, salvo para los editores de la revista.
Por su parte, el caso Herbert es más complejo. Su discurso deriva en una mezcla (bien mexicana) de rudeza temática –drogas, autobiografía dizque cruda– y corrección estilística. Ese corto circuito es evidente en su prosa: quiere ser brutalmente sincero, pero su escritura es tan correcta –casi tanto como sus reverencias a los Señores de la Cultura– que al final todo desemboca en la ternura: el muchacho ha tenido una vida dura, quiere que lo sepas, quiere que lo quieras. Su elogio de Venegas, en Letras Libres, es modélico. Cualquiera que desee hacernos reír, repita el ejercicio: para que no se note que hablas de un producto cultural intrascendente, cita a Harold Bloom. ¡Ajúa!
El Suprasensible vuelve al sitio que lo vio nacer, luego de gastarse indebidamente en Twitter. Hay aprendizaje, sin embargo. Como es sabido (paso ahora a la primera persona del singular), mi trabajo se inscribe en la experimentación. Prueba de ello es el siguiente relato, surgido de la técnica del cut & paste (algunos necios llaman a esto plagio). No hay secretos, aquí. Se trata de un diario, un diario colectivo que acaso pretende señalar algo. No tengo claro qué.







