El suprasensible

PORQUE ESTAS BIEN PENDEJO

Deslinde

El Suprasensible declara que no tiene ninguna clase de relación con los sujetos que aparecen en la foto.

No sea puto

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Alguien convenció a Billy Shericlown de que tiene opiniones. (Alguien, que debería estar preso, le dio esperanzas como narrador.) (Alguien, un sádico, le hizo creer que existe, aunque las pruebas empíricas lo nieguen.) Opina sobre arte (avelínicamente), sobre política (es fachito), sobre futbol (¿?). Pero el pequeño hombre, como atestigua su obra articulística, no sabe más que glosar versos de Villaurrutia o disertar sobre los pedos de Paz. Con ínfulas típicas de los cretinos (en un sentido estrictamente médico), Sheriffan regaña ahora a quienes asisten a los estadios de futbol.

La columna más reciente de Sheriduh incursiona en la psicología de masas. Oh. Dice que las barras bravas son conocidas en México como perras bravas (Sheridown o el hazmerreír de Toluca). Dice que gritar puto al portero rival es discriminarlo (de fiscal antiplagio a consejero de la Conapred). ¿Qué hacemos contigo, incombustible Billy? Que presumas la ingesta de ravioles con una copa de pinot grigio es normal, en un esnob de tu estatura. Que hagas chistes todo el maldito día es lo que se espera de ti, en tanto bufón de la corte. Pero, salvo que el asunto sea alguna flatulencia paceana, ¡cierra la puta boca! Sí, oh Sheridan, yo discrimino a las bocas.

Oda a Avelina

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Es tiempo de Avelina, la Léspera. El vehículo a través del cual el Gran Arte ajusticia a los filisteos del arte pequeño. Nuestra Dama de Hierro. Oh Avelina, la marginal, colaboradora de Milenio. Avelina, cuya léspera lengua hunde a Duchamp mientras eleva a la esposa de un gobernador (sus pinturas prestas a colgarse de algún comedor). Avelina, Avelina, instalada en Letras Libres, donde los viudos de Paz al fin tienen a alguien que escriba como capataz: todo este arte que se les atraganta ¡es una farsa! ¡Shericlown erecto, sus intuiciones de ama de casa convertidas en juicios sobre nuestro tiempo! Oh Avelina, irritas a los cornudos del viejo arte moderno, con tu prosa cincelada en mármol. Verdades como puños en cada una de tus frases. El estilo es la mujer, por léspera que sea. Avelina, fría como el viento, peligrosa como el mar.

Un pensamiento

Oh, nuestros poetas redactando calaveritas. Ah, nuestros poetas redactando calaveritas. ¡Ay, nuestros poetas redactando calaveritas!

Galletas de vanguardia

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Quien frecuenta restaurantes chinos o japoneses sabe que, con la cuenta, recibirá una galleta insípida con un papelito en el interior. Se dice que ahí nos es anunciada nuestra suerte, pero con frecuencia encontramos pensamientos, perlas de sabiduría oriental que transforman el curso de nuestras vidas.

El Suprasensible propone que los fabricantes de galletas de la suerte contemplen la inclusión de reflexiones mexicanas. Se difundiría así la literatura nacional, y se conmoverían intestinos llenos de miso, arroz y soya.

He aquí mi selección solemne:

Que una persona te guste más que las demás no significa que la ames. El amor no se define por el gusto sino por la forma de la atención. –Aurelio Asiain

Dejas de ser niño cuando te das cuenta de que nunca dejas de serlo. –Merlina Acevedo

Reinventarse y en soledad es lo más parecido a experimentar un otoño. Y para eso hay que perder mucho, casi todo. Quedarse en huesos. Monserrat Loyde

Horario de verano, horario de invierno. Y el tiempo sigue pasando exactamente igual que siempre. –Mauricio Montiel Figueiras

Las amistades duraderas cuajan en los desacuerdos. –Julián Herbert

Soy el Maradona de mi propio destino. –Fausto Alzati Fernández

Si yo me tatuara algo, me tatuaba un soneto de Quevedo en el alma. –Guillermo Sheridan

Actualización del 16 de diciembre

En un tuit, Asiain explica que las galletas de la suerte son la invención de un japonés, en San Francisco. Ya decía yo que el tipo sabe de galletas.

Gabriel Zaid canta a Daniela Romo

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"Tengo celos", cantó célebremente Daniela Romo. Y ahora lo hace el ingeniero Díaz (Gabriel Zaid, pues). Al señor de jeta oculta (¿será feo?) le molesta que Mario Santiago Papasquiaro tenga sus fans. Vamos, era un poeta medianito, don Aullido de Cisne, no lo dudan ni sus antologadores. La cosa es que Bolaño le dio su fama y, chin, la vida de Zaid no interesa a nadie (miento: interesa a Enrique Krauze). ¿Qué novela saldría de ahí? ¿La trama consistiría en un empresario conservador que, en su faceta de intelectual, coloca a plumíferos en Vuelta y en Letras Libres? No suena precisamente trepidante. Pero bueno, el caso es que a Zaid le parece mala la poesía Santiago Papasquiaro. Y claro, es sabido que los muertos no se defienden. Nada importa, salvo un detalle: Zaid es uno de los poetas más ridículos en la historia de la lengua castellana. Todo el mundo lo sabe, salvo sus sirvientes (¡saludos, Assniain!). Lo que opino es lo que sigue: si escribiste "Teofanías", pides tu cocol y a dormir.

nopolitico asked: Oye, escribes peor que Sealtiel Alatriste. ¿sigue sangrando la herida?

Te dije, cuando oficiabas de sirviente de Assniain, que me ocupaba de plumíferos de tercera, pero no de quinta. Si algún día te promueven a individuo, es posible que atienda tus columnas de pequeño burgués con deseos de existir. Hasta entonces.

Enfant terrible

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Tryno trina, mis mejillas se inyectan de rubor. Las prosas emasculadas siempre producen algo en el lector, una mueca imposible, nacida de la compasión y la rabia. El muchacho (cuenta con una edad mental de 12 años) es, piensa, nuestro enfant terrible. Quien lo dude, puede revisar sus credenciales contraculturales: su agente es un conocido truhán, Guillermo Schavelzon; su editorial, Alfaguara (Grupo Prisa), cuyo catálogo incluye a novelistas antisistema como Mario Vargas Llosa. Uno lee lo anterior y piensa en un clochard beckettiano, chupando piedras en el fango. Crítico feroz de las becas (no le fueron otorgadas cuando las solicitó), dispara desde la marginalidad. Ah, nuestro Genet: “No frecuento escritores ni gente que se dedique a la literatura de otro modo. Así que no tengo muy clara la opinión que tenga la gente de ese mundito sobre mí. Y, ¿te digo algo? Me importa una mierda”. Me estremezco. Cuánta furia, cuánta fiereza la de Maldonado. Recuérdense sus posiciones políticas, siempre radicales. En un conmovedor artículo, Tryno trina y truena: “Ni lo pienses. Los premios literarios tienen que ver con todo menos con lo literario”, recomienda al joven que fue, aquel que difundía en su blog, en tiempos en que fungía como protegé del los muchachos del Crack, su deseo de ganar el Biblioteca Breve. “Dedícate a escribir y no a hacer vida de escritor”, se recomienda a sí mismo, desde el futuro, el connotado novelista. El Tryno del pasado no lo sabe, pero, con la aparición de Twitter, se ejercitará en todas las formas escritas de la indignidad. Mis mejillas, plenas de rubor. Ah, mon petit Tryno.

El sabio y la vista

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Asomarse a la cuenta de tuíter del ingeniero Enrique Krauze es la mejor manera de comenzar la mañana. El Suprasensible se sirve el desayuno y, ansioso, revisa sus frases, afiladas como un cuchillo para meriendas infantiles. ¿Qué nos depara esa inteligencia democrático-liberal? Oh, vibrantes aforismos. El Suprasensible da un trago al café y concentra sus ojos en esto:

Ver el mundo en términos de “izquierda” y “derecha” es un daltonismo de la inteligencia.

Dificultad para distinguir los colores, dice l'ingegnere. Pongamos que “izquierda” es un color y “derecha” otro. Distinguirlos, ¿no es justamente lo que el daltónico no puede hacer? Debe haber una explicación, con la que seguramente cuenta el licenciado Fernando García Ramírez; el Smithers, como se le conoce en los ámbitos de la miseria intelectual. La sabiduría krauziana, sin embargo, no se detiene en ese críptico apotegma. Es capaz de ofrecer, además, esto:

Quien se autoproclama de izquierda no se hace cargo de su pasado totalitario. Y quien se ostenta de derecha oculta su pasado totalitario.

Ah, pícaro ingegnere. Completa la frase conmigo, hipócrita lector: Los liberales, en cambio, no nos hacemos cargo de nada. Un sabio, don Quique, que sin embargo distingue entre liberalismo económico y liberalismo político. ¿O sea que padece una variante del daltonismo (según el sentido que da al término el Fukuyama de Coyoacán)? El Suprasensible se encuentra confundido. Luego recuerda que no es Guillermo Sheridan y la sonrisa le ilumina el rostro.

Mamila oriental, 2

Ah, Japón. El horizonte como caligrafía. El haiku como práctica cotidiana. El esnobismo y el sometimiento como formas de vida. Allá, naturalmente, reside Aurelio Asiain. Nos hemos ocupado ya (El Suprasensible practica la modestia del plural) de ese poeta tan especial, autor de versos que de tan etéreos rivalizan con los pedos. Sin embargo, una entrevista reciente nos invita a reconsiderar la figura de este discípulo de Octavio Paz (era su secretario, pues). Encontramos, ahí, a un Asiain japonizado integralmente. Una suerte de Mishima (es facho como el japo), casi un general del ejército del Emperador, con ojos rasgados, calva y toda la cosa. Pues bien, la mentada entrevista comienza con el hecho central de su vida: haber tratado a Paz. El Poeta Nacional, como se sabe, solía rodearse de resonantes mediocres dispuestos a todo con tal de saberse cerca del Maestro (y de las dádivas derivadas de esa cercanía). Al parecer, quedará constancia de la existencia de Asiain por haber hablado con Paz por teléfono: tres veces al día, de lunes a viernes. La entrevista nos permite internarnos en la vida del genio (el Japonecio, como es conocido en ciertos ambientes, se considera a sí mismo algo distinto de un petulante zopenco): editor de dos revistas en la secundaria, lector precoz de poesía, siervo del Poeta Nacional, traductor (domina varios idiomas, ¡obvio!), antologador, tuitero, bloguero, fotógrafo. Paro, antes de humillarlos más con semejante currículum. Se desliza ahí que debemos su aparición al Keyser Söze de las letras mexicanas, el ingeniero Gabriel Díaz, digo Zaid (titiritero del otro ingeniero, éste miembro del consejo de administración de Televisa). El plural, tarde o temprano, se evapora: mi estómago no tolera más. Arte Afuera, se llama el programa que entrevistó al poeta no tan etéreo como sus versos (se lo ve bien alimentado). El conductor puntúa las frases pesadas (¡no son como sus versos!) de Asiain con un “Wow”, un “Qué bonito”, un… Bueno, basta. Una duda flota en el ambiente: ¿por qué el Japonecio, con una obra poética y una trayectoria plena de deshonras, no acomete el seppuku?